Los gigantes y Estados Unidos, Mijail Gorbachov

Entrevista publicada en El Periodico por el periodista Shan Subramaniam a Mijail Gorvachov sobre la creciente preocupacion en los foros internacionales sobre el desmedido afán de poder y dominación de la política de los Estados Unidos. Muy interesante.

Pregunta:
¿Cree usted que las superpotencias emergentes, como China, India, Rusia y Brasil, trabajarán conjuntamente contra Estados Unidos para dar estabilidad al mundo?

La preocupación por la inestabilidad global está muy extendida, junto con un cierto resentimiento por algunas políticas norteamericanas, y se invoca a los cuatro supergigantes para que contrarresten el dominio global americano.
Ciertamente, el producto interior bruto (PIB) combinado de China y la India supera al de Estados Unidos, mientras que el PIB de Brasil, Rusia, la India y China, considerado conjuntamente, iguala ahora el de la Unión Europea: unos 10,2 billones de euros el último año. Muy probablemente asistiremos al crecimiento tanto en poder económico como en importancia política de los llamados poderes regionales de nueva ola –es decir, Brasil, Rusia, la India y China– también llamados países BRIC, por sus iniciales. Cuatro países a los que ya no se puede intimidar, ni “poner en su sitio”, ni tratar condescendientemente como socios júnior. Este hecho es una de las más grandes características del mundo de hoy. Algo con lo que hay que contar.
Con todo, no me parece que su fuerza de crecimiento lleve a esos países a unirse realmente en algún tipo de bloque o alianza. Son demasiado distintos unos de otros, cada uno con sus problemas e intereses particulares. Además, según lo veo, no quieren basar sus políticas en los cimientos de la confrontación. Su enfoque de los asuntos planetarios tiene mucho en común con el pensamiento que yo he adoptado y que contribuyó al fin de la guerra fría.
Sin embargo, los dirigentes del BRIC y otros países deben preocuparse de los intentos norteamericanos por hacerse con el liderazgo del monopolio mundial y ejercerlo por medios militares. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha sido particularmente sincero a la hora de ventilar dichas preocupaciones. Otros también han objetado ese unilateralismo norteamericano, no sin razón.

Estados Unidos sigue almacenando armas de guerra, ha alargado la duración de las campañas de sus soldados en Irak y está lanzando nuevos programas militares. En Washington, casi cualquier problema internacional provoca habladurías de una solución militar: acuden inmediatamente a la mente la potencial amenaza nuclear de Irán y las relaciones con Corea del Norte. ¿Aprenderá Estados Unidos alguna vez de las consecuencias de la invasión de Irak? ¿No está más que claro que en los últimos 15 años ninguna fuerza armada ha solucionado un solo problema? ¿No podrían los diseñadores políticos norteamericanos darse cuenta de que estas exhibiciones de poder militar han empeorado muchos problemas?
Como Churchill dijo una vez: “Hay que estar tranquilos: los norteamericanos siempre hacen lo correcto después de haberlo intentado todo…”. Siento decir que aún lo están intentando. Por lo que parece, no basta con tener centenares de bases militares norteamericanas esparcidas por todo el mundo. Ahora hay que instalar sistemas de defensa con misiles en el corazón de Europa: en la República Checa y en Polonia.
Pero ¿dónde radica la prueba de su necesidad? (Un poco tarde, se han iniciado consultas con los aliados de la OTAN y Rusia en un intento de responder a la pregunta de forma retroactiva) ¿Y qué hay de las opiniones de la gente en los países que los alojan? ¿Les gustan estas máquinas tan peligrosas?
Se podría pensar que los diseñadores de la política de Estados Unidos están sobrecogidos por la idea de que sus conciudadanos pasan siempre miedo: por el terrorismo, por los estados parias o por las imprevisibles Rusia y China. Pero estos problemas globales –reales, imaginarios o exagerados– no hacen más que alimentar una agenda quizá no tan escondida: favorecen los intereses de quienes se aprovechan de presupuestos militares desorbitados. Tras los señores de la guerra pululan los piratas de la guerra.
Las políticas que descansan sobre estos cimientos no pueden proporcionar ni estabilidad ni seguridad. Deben cambiar. Los centros emergentes de poder, así como los aliados europeos de EEUU, pueden hacer mucho por corregirle. No deberían estar ociosos contemplando el panorama, viendo cómo Estados Unidos y sus socios amontonan nuevos errores. Al final, todos pagan un precio: EEUU, Europa y el resto del mundo.

Necesitamos un nuevo programa de acción dirigido a curar al mundo de una fiebre bélica que impide soluciones a los problemas reales. Tal iniciativa no tiene por qué constituir un reto –confrontación– para Estados Unidos. Conozco el país lo suficiente para poder decir que muchos integrantes de su establishment político consideran el unilateralismo como un callejón sin salida y buscan salir de ahí. Los temas internacionales ocuparán sin duda un lugar central en el próximo periodo electoral.
No es cierto, como sugieren algunos, que cualquier intento por influir en la conducta norteamericana esté condenado al fracaso. La interdependencia de naciones y el cambiante equilibrio de poder inevitablemente se traducirá en argumentos de peso en la mesa de negociaciones globales. Ninguna nación o grupo de naciones puede imponer su voluntad, agenda o reglas del juego al resto del mundo. Brasil, Rusia, la India y China son ya actores consagrados en el escenario mundial. No deberían andarse con remilgos a la hora de mostrar su considerable poder. Las reglas de juego, especialmente en el comercio mundial, favorecen a los que están mejor.

El terreno de juego está inclinado hacia su lado.
Muchas organizaciones internacionales, como la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, forman parte de este mecanismo. No estoy diciendo que deba romperse, pero está claro que hace tiempo que hay que cambiarlo. Trabajar conjuntamente con la China ascendente, India y Brasil, con la nuevamente fortalecida Rusia y con otros puede hacer mucho por enderezar las tendencias negativas de los últimos años. Puede tener éxito si toma la iniciativa en el desarrollo de políticas innovadoras y estrategias inteligentes.

Una alianza antinorteamericana no es ni necesaria ni factible. Pero una serie de iniciativas bien coordinadas en la arena global pueden ser de interés para la seguridad y estabilidad comunes.

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